En el marco de “Con la Soja al Cuello 2025: Informe sobre Agronegocios en Paraguay”, Miguel Ángel Alarcón, coordinador general de Iniciativa Amotocodie, presentó el análisis “La Ruta que cambia la geografía del Chaco”, sobre el impacto de dicha megacarretera, que conectará Brasil, Paraguay, Argentina y Chile con puertos del Pacífico.
El “progreso” prometido por la Ruta Bioceánica llega con especulación de tierras, deforestación y riesgos sociales que golpean a las comunidades indígenas.
La megaobra, presentada como sinónimo de progreso, integración y desarrollo, esconde otra realidad detrás del discurso oficial: la de las comunidades indígenas y poblaciones del Chaco que están viviendo sus impactos más crudos.
Si bien desde Asunción se percibe como una realidad lejana, la Ruta, presentada como el “nuevo Canal de Panamá” por el gobierno, está reconfigurando el país desde lo más profundo del Chaco. La narrativa oficial de la integración, la reducción de costos y la entrada a los mercados asiáticos no tiene en cuenta a los pueblos indígenas del Chaco.
En Puerto María (Alto Paraguay) las comunidades Ayoreo experimentan los cambios de manera directa, cotidiana y dolorosa
El modelo extractivista de la Ruta, basado en la producción de commodities, se impone sobre la vida y los territorios indígenas. Sus impactos son consecuencias directas, no efectos colaterales. El derecho a la consulta previa es sistemáticamente vulnerado, ya que los Pueblos Indígenas (PI) a menudo no gozan de este derecho fundamental. Esta situación no solo se prolonga en el tiempo, sino que también se intensifica.

¿Desarrollo para quién?
La Ruta Bioceánica se promociona mediante beneficios cuantitativos: toneladas de soja transportadas, kilómetros de ruta construidos y cambios en el uso de la tierra. Sin embargo, para las comunidades locales no existe una propuesta concreta: no hay planes de vida, ni empleo sostenible, ni una idea clara de cómo esta ruta les traerá el tan anunciado «progreso».
La cultura ayoreo enfrenta una crisis multidimensional. Su modelo tradicional de liderazgo se ve desplazado por nuevos líderes cooptados por intereses externos, lo que debilita la capacidad de las comunidades para decidir sobre su territorio. Esta pérdida de autonomía se ve agravada por modelos de intervención externa que fracturan la paz social. Un ejemplo claro son las grandes obras, que, al concluir, dejan a los operarios Ayoreo en el desempleo y la deuda, forzándolos a vender sus bienes para mantener un nivel de consumo que ya no pueden costear. Este escenario de vulnerabilidad es aprovechado por el aumento de la especulación inmobiliaria, que multiplica los intentos de usurpación de sus tierras.
Las mujeres Ayoreo son las más afectadas
Entre los efectos más graves de esta megaobra destaca el retroceso en la participación orgánica de las mujeres. Su protagonismo, antes fundamental, ha sido relegado por nuevos procesos de consulta y estructuras de autoridad. Este fenómeno se agrava con el impacto territorial: la presión sobre sus tierras ha erosionado la matrilocalidad tradicional, excluyendo a las mujeres de la toma de decisiones y confinándolas al ámbito doméstico, lo que incrementa de manera significativa su vulnerabilidad.
Asimismo, con el avance desmedido de la deforestación, cada vez es más difícil para las mujeres Ayoreo recolectar plantas medicinales, tintas y fibras utilizadas en el desarrollo del arte textil. Las mujeres se encuentran perdiendo su capacidad de influencia en asuntos críticos para la vida comunitaria y el sostenimiento de su cultura.
Esta violencia simbólica y estructural desemboca en una extrema vulnerabilidad a la que son relegadas, especialmente, las más jóvenes. La llegada masiva de personas extrañas a las comunidades incrementa la demanda de prostitución de niñas y adolescentes, lo que provoca una grave crisis social y sanitaria.
Destrucción ambiental
La construcción de la ruta ha provocado un aumento acelerado de la deforestación a ambos lados de su trazado. Este fenómeno se ve impulsado por un modelo extractivista centrado en la ganadería, la pampeanización de las tierras y la expansión de los cultivos de soja y algodón. Dicho modelo conlleva graves consecuencias: deforestación acelerada, contaminación por agroquímicos, y una irreversible pérdida de biodiversidad y de recursos vitales, como plantas medicinales, fibras naturales, y sitios de gran valor histórico y cultural.
Reflexiones finales
Desde Iniciativa Amotocodie, los impactos que se observan no son “efecto colateral”; son el resultado de un modelo extractivista que prioriza la commodity sobre la vida. Ante este hecho constatado, vale preguntarse:
- ¿Podemos hablar de desarrollo cuando se sacrifican derechos indígenas, bosques nativos y la vida de las mujeres?
- ¿Podemos hablar de desarrollo instalando estructuras económicas, sociales y políticas de injusticia e incrementando la desigualdad?
- ¿Puede haber integración económica real sin destrucción cultural y ambiental?
Hasta el momento, la Ruta Bioceánica no es solo una obra de ingeniería. Es un espejo de un modelo de desarrollo que excluye, fragmenta y mercantiliza el territorio.
Leer el informe completo en este enlace.
Fotos cortesía de BASE-IS


