REFERENTE EN LA PROTECCIÓN DE GRUPOS AISLADOS EN BRASIL MUERE DE UN FLECHAZO AL ACERCARSE A UN GRUPO DE INDÍGENAS AISLADOS

Fotografía ilustrativa: anciano ayoreo relatando una escena de defensa de aldea ante la llegada de coñones (blancos) antes del contacto con misioneros, realizada en el marco de una manifestación cultural en defensa del Cerro León. Gentileza de Martín Alarcón Bobadilla

REFERENTE EN LA PROTECCIÓN DE GRUPOS AISLADOS EN BRASIL MUERE DE UN FLECHAZO AL ACERCARSE A UN GRUPO DE INDÍGENAS AISLADOS

por Luis María de la Cruz

«Um dos principais indigenistas em atividade no país, com cerca de 30 anos de experiência na Funai (Fundação Nacional do Índio), Rieli Franciscato, de 56 anos, foi morto nesta quarta-feira (9) com uma flechada no peito ao se aproximar de um grupo de indígenas isolados. Ele tentava evitar um atrito entre os isolados e a população não indígena que presenciou o aparecimento repentino dos indígenas em um sítio na zona rural de Seringueiras, em Rondônia…«

https://noticias.uol.com.br/colunas/rubens-valente/2020/09/09/ingigenista-indios-isolados-funai.ht

Esta noticia llegó al mismo tiempo que una efemérides anglicana recordada por un querido amigo, el día en que Allan Gardiner fue muerto por los yaganes en el extremo sur de Argentina, en su intento de evangelizarlos, en 1855.

Me recordó aquel acontecimiento, hace unos pocos años atrás, cuando un fanático evangelizador fue muerto en una isla cerca de la India, por grupos que rechazan todo contacto y defienden su postura con la violencia necesaria.

Me hace pensar en las diferentes misiones y en la resistencia de los presuntos misionables, a cualquier tipo de misión salvadora, sea de los males oscuros de la ignorancia de la fe, sea de los males oscuros de la ignorancia de la civilización.

Para el misionable, cualquier misionero es enemigo y, paradójicamente, todo misionero (cualquiera sea su misión) cree que tiene algún dominio sobre la salvación (de lo que sea).

Lo que nos obliga a reflexionar sobre cualquier tipo de misión y de visión, es que el misionable no tiene ningún interés en ser misionado y que cualquiera que se acerque, es un potencial enemigo, sin distinción, porque representa al mundo que el misionable impugna.

Nos obliga a pensar también en el discurso hacia afuera, hacia la sociedad que origina estas ideas tan exóticas de misionar a otros (para proteger o para evangelizar, que es una manera particular de proteger). Y como discurso, pienso en «evangelizar» que no es otra cosa que «comunicar la buena noticia». No hace falta comunicar la buena noticia a los que ya la tienen, a los que son libres y se pretende misionalizar; sino a los que no la tienen, a los que son tan necios que creen que hay que misionalizar al «indio salvaje», al «aislado», al «no contactado»; tal vez por ignorancia, tal vez por envidia.

Creo que este tiempo de pandemias y aislamientos, tenemos que aprovecharlo para eso, para dar vuelta la visión que tenemos de la misión a fin de cambiar la visión de nuestra sociedad hacia la gente que vive libre de ella.

Que la muerte de uno nos sirva para darnos cuenta del lugar que tenemos y para pensar cómo ocupar mejor ese lugar.