“YO SIENTO MUCHO LO QUE VEO. SIENTO. ME DUELE.”

“YO SIENTO MUCHO LO QUE VEO. SIENTO. ME DUELE.”

Fueron las primeras palabras de Enrique Pebi, presidente de la Asociación Garaigosode del Pueblo Ayoreo, al llegar a Odocubui (actual centro de visitantes del Parque Nacional Defensores del Chaco) luego de recorrer la propiedad de los Ayoreo en Chovoreca y áreas circundantes asoladas por los incendios en la región.

“Los coñones no sienten como yo siento. ¿Por qué siento más que ellos? Porque tengo vivos a mi papá y a mi mamá. Ellos son de acá. Si mi mamá venía por acá… pobre… no quiero imaginar…

Mi corazón, mi cuerpo, sufren. Es una pena. Acá nosotros vivíamos. Aquí peleamos. Aquí nos alimentamos. Aquí sufrimos.

Y mi corazón sintió porque, así como nosotros vivíamos acá, vivían acá los silvícolas. Me salieron lágrimas, es un sentimiento que yo tuve en mi corazón, personalmente, al ver a la naturaleza cómo se quema. No existe más vida silvestre ni vida Ayoreo aislados en acá, esto es lo que siento.

Escucho que dicen que en 6 meses se va a recuperar todo, la gente del gobierno, esto no se trata de la idea de un gobierno, no se trata de la idea de una organización, es una pérdida para nosotros, es imaginar el sufrimiento de esos Ayoreo, eso es lo que me da pena. Esta es una quemazón es como que una bomba cayó encima. Yo vi, yo sentí, yo miré como no había ni una hormiga, ni pájaros he visto, ni huellas he visto.

El sonido de la naturaleza ya no es como antes. El fuego se llevó todo. Piiiiiii se hoye el viento, es una tristeza. No se ve la alegría de los árboles.

Esto se hubiese prevenido. Los órganos del estado debían prevenir. Son unos descuidados e irresponsables. ¿Cómo no iban a atender esta zona si hay un Parque Nacional? Y nuestro terreno también hubiesen cuidado. También me duele que no se hayan preocuparon por nuestra tierra.”

Pebi es descendiente del grupo local Ayoreo Garaigosode, sus padres crecieron en esa región. Gran parte del territorio del grupo fue consumido por las llamas, además de más de 6.400 ha de una propiedad de 20.000 ha. Sus padres todavía recuerdan a varios hombres y mujeres Ayoreo que no abandonaron el monte al momento del contacto y reducción, que quedaron allá y continuaron la vida como “silvícolas”.