Consideraciones sobre los Incendios en el Chaco Paraguayo

Consideraciones sobre los Incendios en el Chaco Paraguayo

Articulo escrito por Miguel Lovera, coordinador general de Iniciativa Amotocodie

Normalmente, los incendios forestales y de campos en el Chaco Paraguayo, se verifican entre los meses de agosto a octubre, con mayor incidencia de mediados de agosto a mediados de septiembre.

El origen de estos fuegos es en su totalidad antropogénico, pues el fuego es utilizado de manera consuetudinaria en el manejo de las pasturas, en base a la práctica de la “quema controlada” de campos, efectuada con el fin de facilitar el crecimiento del follaje de la pastura, manteniendo sus condiciones de nutrición y palatabilidad. Esta práctica tradicional, aunque siempre con impactos considerables para la biodiversidad y el ambiente en general, se practicaba sobre áreas circunscriptas a ambientes dominados por formaciones naturales, tanto topográficas como vegetales dominantes en el paisaje, haciendo que tanto la disponibilidad de material combustible como las condiciones de humedad, vientos y espacio de expansión, estén subordinados a la capacidad de contención de los ecosistemas existentes en el ámbito rural productivo. Cabe resaltar que esta técnica se aplicaba originalmente en las praderas y sabanas naturales.

En el ámbito de la producción ganadera, se verifica un proceso de “sabanización” de ambientes de matorral y de bosque, con la adopción de prácticas que se apartan de los parámetros cuantitativos y cualitativos que conforman el “equilibrio” ambiental en los sistemas tradicionales, se pierde la capacidad humana de controlar la quema y la capacidad natural de limitar los incendios, es decir, cuando se transfiere la práctica de la quema a otros ambientes no adaptados al fuego como lo son las praderas y sabanas. En el ámbito del sistema tradicional, compuesto principalmente por especies de gramíneas nativas, la biomasa combustible disponible normalmente es de rápida combustión y de escaso potencial de almacenamiento de temperatura, lo que origina procesos de ignición efímeros o casi fugaces, con pocas probabilidades de expansión a otros tipos de vegetación de mayor densidad.
Este año, los incendios adquirieron inusitada intensidad y extensión, debido a que la región soportó un periodo lluvioso inusitado, de enero a mayo, que rara vez había ocurrido desde que la región soporta las pasturas y la deforestación presentes. Esta situación suscitó un aumento de la biomasa, principalmente la de las pasturas implantadas, de manera que su volumen ha generado un aumento de la misma hasta en un 50%. Posteriormente a las copiosas lluvias, hasta la fecha, se registraron meses de sequía, calor y vientos anormalmente intensos. Estos factores determinaron que las quemas de manejo a las que se somete normalmente a las pasturas hayan salido totalmente de control. La imprudencia de los que la practican ha aumentado la eficaz dispersión de los incendios iniciados en toda la geografía del Paraguay y no sólo en el Chaco, aunque, es en el Chaco que los incendios adquieren dimensiones inmensas que abarcan hasta ahora cerca de 250.000 ha arrasadas.

Los impactos son devastadores, la destrucción de la vegetación nativa de esta región tiene consecuencias gravísimas, sobre todo si se mira a la capacidad de resiliencia de las formaciones vegetales afectadas. Estas se recuperan lentamente y el terreno es ocupado por especies especializadas en sobrevivir en tierra altamente salinizada, seca y de baja fertilidad. Se estima que de las 3.000 a 4.000 especies nativas que se encontraban en los diversos ecosistemas del norte del Chaco, en los campos quemados sólo prosperan entre 100 y 200 especies nativas. Esto representa una drástica disminución de la capacidad de carga de los hábitats locales, así como de la calidad ambiental de los mismos. Los daños para la biodiversidad regional son graves y, en muchos casos, irreversibles. Esos daños oscilan entre la extinción y el quiebre de la dinámica de las diferentes poblaciones de fauna; la composición de los ensambles de flora y; sobre todo, la degradación de la calidad de los hábitats locales.
Los miembros del pueblo Ayoreo que viven en aislamiento voluntario en el área quedan directamente afectados por los incendios. Ellos experimentan un agravamiento de las condiciones ya arduas en las que sobreviven, en territorios que les han sido usurpados por terratenientes que participan en el proceso de privatización del territorio paraguayo en general y del Chaco en particular. Esta usurpación implica para los Ayoreo la pérdida de los hábitats y recursos vitales debido a la deforestación, la fragmentación del paisaje y a su misma expulsión de los enclaves privados y excluyentes. Como ya se verifica ahora, los incendios además implican la perdida de los corredores que conectan los remanentes de bosques y de otros hábitats utilizados por los Ayoreo aislados. Las consecuencias para ellos pueden resultar fatales, conformándose así una situación de genocidio de este pueblo que vive en aislamiento voluntario.