{"id":260,"date":"2006-07-30T12:32:03","date_gmt":"2006-07-30T16:32:03","guid":{"rendered":"http:\/\/amotocodie.test\/?p=260"},"modified":"2006-07-30T12:32:03","modified_gmt":"2006-07-30T16:32:03","slug":"el-norte-visto-desde-los-territorios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iniciativa-amotocodie.org\/en\/2006\/07\/30\/el-norte-visto-desde-los-territorios\/","title":{"rendered":"El Norte Visto desde los Territorios"},"content":{"rendered":"<p>La sencillez de la situaci\u00f3n, con nada m\u00e1s que hacer \u2013 y nada menos \u2013 que viajar, encontrar el camino, cuidar el vehiculo, mirar, observar, encontrar a gente desconocida, hablar, ver como se transformaba en conocida, un poco conocida, reconocida. Gente buena, sencilla, gente demasiado buena, gente abusada, cre\u00edda, confiada, desconfiada. Que all\u00ed sobrevive: colonos eternamente pobres, peones pacientes, que a lo largo de los a\u00f1os de verse enga\u00f1ados, no pagados, malversados, se vuelven un poco bandidos tambi\u00e9n, p\u00edcaros, para poder sobrevivir.<br \/>\nAs\u00ed que en pleno territorio del bandidaje.<br \/>\nY con bandidaje grande y gente mala en serio, que a lo largo de los a\u00f1os convirtieron el territorio del Norte en tierra marcada e imbuida de injusticia y de sufrimientos invisibles pero que le pesan. A los generales comandantes del cuartel de la zona, hoy todos terratenientes, cuyos nombres se reencuentran en los catastros, se los reencuentra como \u201ccolonos\u201d que fueron beneficiados con lotes de 4.000, 5.000 hect\u00e1reas, y m\u00e1s, mucho m\u00e1s en el caso de algunos de mucho poder.<br \/>\nEl general tal viene a veces con su esposa, en Semana Santa. Su hijo parece que no se interesa. Mientras, sus pocas vacas mal cuidadas devastaron el lote de monte virgen en orillas del Parque Nacional, ocasionaron aquella devastaci\u00f3n que caracteriza la presencia muda, pasiva y tonta de animales que solo viven para ser carne; pisadas, monte aplastado, aguadas sucias, cagadas. El general no quiso gastar en alambrado, as\u00ed que las vacas las larg\u00f3 al monte. Tampoco quiso gastar mucho en el pago de su capataz, qui\u00e9n nos recibe con una amabilidad y hospitalidad grande pero ambigua, aparentemente sin limites frente a los desconocidos visitantes que pueden ser amigos pero tambi\u00e9n pueden ser patrones, mejor nom\u00e1s cuidarse y p\u00eddanme cualquier cosa, y no tengo ning\u00fan problema.<br \/>\nOtra devastaci\u00f3n es la de la regi\u00f3n del cuartel. Anta\u00f1o zona central de un territorio de gente originaria, con una de las preciadas lagunas que jam\u00e1s se secaba , con una aldea que una vez albergaba a todos los grupos locales, del Norte y del Sur, bajo el liderazgo de un cacique que daba el nombre a todo lo que exist\u00eda, hoy esa zona est\u00e1 en manos militares y se encuentra marcadamente deshumanizada, manejada por gente sin hogar, ocupantes pasajeros, lugartenientes oficiales y detentores an\u00f3nimos del poder de la sociedad que aqu\u00ed arranc\u00f3 el lugar y el territorio a sus habitantes originarios y se instal\u00f3 con la orden y el pretexto de defender una patria, una patria de otra parte.<br \/>\nEl viaje, sencillo. En las noches, antes del anochecer acamp\u00e1bamos en la vera del camino en el cual nos encontr\u00e1bamos yendo al Norte o al Sur, en una de las rutas que llevan n\u00fameros, l\u00ednea 3, l\u00ednea 22, en medio de la nada que solo es la nada para los que no pertenecemos a esas tierras, en verdad es un todo, un mundo que era el todo de la gente que aqu\u00ed pertenec\u00eda y sigue perteneciendo.<br \/>\nDos ancianos que viajaron con nosotros hab\u00edan nacido en aquel otro mundo y ahora eran sus testigos, y ten\u00edan las llaves para acceder al territorio real, a todo lo que all\u00ed hab\u00eda. En los caminos, en las paradas reconoc\u00edan lugares, los llamaban por su nombre, ve\u00edan cauces de agua limpia y vital que a los ojos de los blancos solo son canales secos, sent\u00edan los caminos del ir y venir, sent\u00edan en tal direcci\u00f3n la aldea tal, donde las mujeres esperaban con los viejos y los ni\u00f1os, mientras los hombres emprend\u00edan el camino hacia las salinas ya no tan lejanas, para volver con la sal preciada.<br \/>\nOidide, uno de los ancianos, en el viaje no habl\u00f3 casi. Reci\u00e9n a la vuelta, ya en nuestra casa, el d\u00eda despu\u00e9s de llegar, hizo un peque\u00f1o resumen de lo vivido. Habl\u00f3 no de lo observado ni constatado, sino de lo sentido. Dijo que se hab\u00eda conmovido en aquellos lugares del Norte, donde el hab\u00eda andado, con su grupo y con su padre y su madre. Que ellos hab\u00edan venido de los territorios m\u00e1s hacia el oeste, y que su padre hab\u00eda muerto cerca del cuartel.<br \/>\nEl otro anciano, Jonoine, en alguna parada se puso a recorrer en un radio de cincuenta metros el lugar, iba y ven\u00eda, tocaba algunos \u00e1rboles, pasaba su mano por la corteza, ve\u00eda agujeros de miel y marcas de antes, dec\u00eda alg\u00fan nombre, alguna aldea cercana, alg\u00fan acontecimiento ocurrido cuando ese mundo viv\u00eda cada d\u00eda y cada noche, y no solo como ahora por el instante de la presencia de dos de sus antiguos habitantes que le llaman por su nombre, y tocan con sus manos, miradas y palabras los \u00f3rganos y las partes de ese cuerpo dormido que ahora peligra quedarse dormido por siempre.<br \/>\nPorque la nueva gente que le vino encima no sabe sus nombres ni sus caminos, le imponen nuevos y ajenos, sin mucho cuidado y sin sentir nada, ropa ajena, ropa fuera de medida y de lugar, trajes que convierten al Norte, anta\u00f1o majestuoso, digno, virgen, fuerte, en paisaje harapiento, empobrecido, abusado, privado de dignidad.<br \/>\nJonoine estaba sentado en la orilla del camino. Est\u00e1bamos esperando la otra camioneta que se hab\u00eda quedado hablando con un poblador muy conocedor de la zona. Soplaba un viento Norte inclemente, caluroso, todo era polvo en el aire, y Jonoine hablaba y hablaba, a veces apuntando con su cabeza o su ment\u00f3n, hacia all\u00ed o all\u00e1, y yo le escuchaba y escuchaba y solo despu\u00e9s de unos minutos me di cuenta que le escuchaba sin entender, hablaba en su idioma propio, su frente arrugada, sus ojos vivaces y yo no pude saber si tristes, y su voz peque\u00f1a, y me daba cuenta que su hablar hacia vivir ese lugar, le hac\u00eda vivir incluso si nadie le escuchaba.<br \/>\nC\u00f3mo necesitan esos lugares a alguien qui\u00e9n vuelve y viene a decirlos\u2026<br \/>\nLas noches. Los ancianos juntaban le\u00f1a \u2013 saben lo que quema bien, lo que ilumina, lo que da calor \u2013 y nosotros prepar\u00e1bamos una comida sencilla, colgando una olla sobre el fuego. Nos cuidaban los ancianos. Cuando me iba al ba\u00f1o no muy lejos, me segu\u00edan con la mirada, atentos a d\u00f3nde iba, sabiendo que por all\u00ed rondaba alg\u00fan tigre cuyos gritos y cuyo andar sigiloso hab\u00edan percibido. Estaban atentos tambi\u00e9n al grito de los p\u00e1jaros, no es el vuelo que les da los mensajes, son los gritos. Una madrugada, el grito indicaba que hacia el Noreste estaba un grupo de gente en el monte, no cerca, tampoco lejos\u2026<br \/>\nLuego, \u00edbamos a dormir, nosotros en las carpas, Jonoine afuera, bajo su mosquitero rojo, al lado de su fogata propia, grande.<br \/>\nLa noche grande no era sencilla. En verdad, encima nuestro, noche tras noche, amanec\u00eda un firmamento, un cielo lleno de vida propia y ajena, lejana, un cielo complejo en su estructura, inentendible, otro territorio m\u00e1s grande, esta vez el nuestro de todos, de los blancos y de los Ayoreo. Un territorio del cual form\u00e1bamos parte en todo momento, pero sin saber ni d\u00f3nde ni c\u00f3mo se daba eso, solo sabiendo que \u00e9ramos parte de la v\u00eda l\u00e1ctea que ve\u00edamos \u201call\u00e1\u201d, fuera de nosotros, o de una galaxia cuyo conjunto no alcanz\u00e1bamos ver. Aparentemente \u00e9ramos el centro, est\u00e1bamos en nuestro centro, pero en realidad gir\u00e1bamos alrededor de otros, y esos otros alrededor de otros, en grandes grupos locales, cada uno con su territorio celestial y su centro pero que siempre se desplaza, en aut\u00e9ntica manera n\u00f3mada, nunca queda en el mismo lugar, tan poco como nosotros con nuestros campamentos y migraciones en b\u00fasqueda de vestigios de los territorios que hacen a nuestro cuerpo dormido y cuyo despertar necesitamos para vivir de nuevo, para vivir el futuro.<br \/>\nBenno Glauser<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La sencillez de la situaci\u00f3n, con nada m\u00e1s que hacer \u2013 y nada menos \u2013 que viajar, encontrar el camino, cuidar el vehiculo, mirar, observar, encontrar a gente desconocida, hablar, ver como se transformaba en conocida, un poco conocida, reconocida. Gente buena, sencilla, gente demasiado buena, gente abusada, cre\u00edda, confiada, desconfiada. 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