La sensatez no va por la ruta

La sensatez no va por la ruta

Artículo de Miguel Lovera

La Ruta Lino Cesar Oviedo, el corredor bioceánico -empezando por ese nombre inician las insensateces fundacionales- no se compadece de las privaciones, sacrificios y postergaciones que se imponen a la población en general, sin distinción ni privilegio de sangre ni clase, pues los trabajos de construcción continúan sin mayores precauciones, con excepción de las mascarillas y mascarones y caretas que, más que prevenir la diseminación viral del SARS COV-2, ocultan la infamia, la impericia y la hipocresía de un gobierno que lucra con la letal pandemia de COVID-19.

Las comunidades del pueblo Ayoreo de Puerto María Auxiliadora son víctimas directas de esta desidia irresponsable. El consorcio constructor, liderado por la empresa Ocho A, utiliza el territorio indígena mencionado como parte de su base de recursos, pues por ahí transportan la piedra bruta para la construcción vial; sus empleados se surten de recursos tales como leña, fauna y flora útil; la población que sirve de asistencia logística a la obra y sus obreros penetran innumerables veces al terreno de las comunidades sin mayores precauciones,  vinculándose a los ancianos, mujeres y niños de la comunidad como si viviéramos tiempos “normales”; los vendedores ingresan sus mercancías como durante cualquier víspera de fiesta patronal, pero todos los días; en fin, el negocio debe continuar.

Mientras estas prácticas transcurren ininterrumpidas, la población no puede salir libremente a buscarse el sustento debido a la imposición de la cuarentena sanitaria decretada mediante múltiples decretos promulgados por nuestro esquizofrénico primer mandatario.

Hemos advertido de estos riesgos a las autoridades competentes ya hace casi un mes, pero, ninguna de las autoridades comprometidas; a saber, INDI, SEN, MDS y MOPC; respondió las cartas a ellos remitidas. La integridad de la población de PMA depende de que se les respete, que no se los invada descuidada e impunemente, esos seres humanos merecen respeto, existen y la ruta no se construye para atropellarles.