Pueblo Ayoreo

El nombre Ayoreo (ayoréode, plural masc.) significa algo como “hombres verdaderos”. Es un calificativo cultural ya que se refiere a su modo de vivir como cazadores y recolectores. Los Ayoreo llaman a otros pueblos cazadores y recolectores “otros hombres verdaderos”. A la población ya sedentaria, sea indígena o no- indígena, la denominan cojñone, “gente sin pensamiento correcto”. (Fischermann)

Los Ayoreo son un pueblo de cazadores y recolectores. Habitaban hasta mediados del siglo XX un territorio enorme del Norte del Chaco, cuya extensión superaba los 30 millones de hectáreas (300.000 Km.). Ocupaban prácticamente todo el espacio al interior del Chaco Boreal y delimitado por los ríos Paraguay, Pilcomayo, Parapetí y Río Grande. No ocupaban sin embargo las zonas ribereñas mismas, dejándolas a otros pueblos indígenas. De esta manera, de norte a sur, el territorio se extendía desde las serranías de la Chiquitania (Bolivia) hasta la zona que ocupan hoy las Colonias Menonitas del Chaco Central Paraguayo.

La lengua de los Ayoreo pertenece a la familia lingüística Zamuco, al igual que el idioma de los Chamacoco.

Hasta el inicio de los contactos forzados por la sociedad envolvente, alrededor de 1945 en Bolivia y un poco antes de 1960 en Paraguay, tanto la extensión del territorio como el número de integrantes de la etnia – unas 5.000 personas – se mantuvieron invariables, lo que es una señal del estado de equilibrio en el que vivía este pueblo con su ambiente de vida.

En el siglo XVIII, los Ayoreo tuvieron un contacto muy pasajero con las reducciones jesuíticas: un número aparentemente significativo de Ayoreo vivíeron por unos 20 años en una reducción llamada San Ignacio Zamuco. La ubicación de la misma es motivo de especulaciones; posiblemente se ubicaba en lo que hoy es Paraguay, en zonas cercanas al Cerro León, tal vez en la zona de Ingávi. El contacto con los jesuitas no dejó ningún rastro visible, aparte de algunos mitos y palabras.

  • Sustento Económico
    Un claro en el bosque, apto para cultivar en verano. Los Ayoreo dieron a la zona con muchos de estos claros el nombre

    Un claro en el bosque, apto para cultivar en verano. Los Ayoreo dieron a la zona con muchos de estos claros el nombre “Amotocodie”.

    La economía ayoreo se basa en la caza de animales del monte chaqueño (chanchos del monte, armadillos, osos hormigueros, tortugas) y en la recolección (miel, frutas del monte, fibras vegetales y materias primas para la producción de objetos de uso). Estas actividades de sustento son complementadas por la pesca en los arroyos y las lagunas, y los cultivos en pequeños claros en el monte, ambos en las épocas de lluvia en verano. Leer más…

    En la vida tradicional, existían numerosos sistemas y mecanismos de distribución que aseguraban la redistribución, al interior del grupo familiar y local, de todo lo que uno podía haber cazado, recolectado o cosechado. De esta manera participaban y se beneficiaban también aquellos miembros del grupo (ancianos, viudas, huérfanos, etc.) que por diversos motivos no podían ejercer ellos mismos una actividad materialmente productiva.

    Estos mecanismos de distribución se mantienen aún hoy vigentes en la vida no tradicional y sedentaria, ya fuera del monte, y son aplicados también a los productos y las ganancias provenientes de las formas de producción de la vida moderna. La no- acumulación de bienes materiales que resulta – todo lo que “ingresa” se redistribuye de inmediato – le garantiza al pueblo Ayoreo hasta hoy un alto grado de movilidad personal y colectiva, y la vigencia natural de mecanismos de solidaridad que protegen a los más débiles.

  • Organización social y política

    En el tiempo de la vida tradicional antes del contacto, los Ayoreo estaban políticamente organizados en más de cincuenta grupos locales que se dividían el territorio de la etnia y que recorrían espacios extensos y propios. Cada grupo local gozaba de un grado muy elevado de autonomía política y con un liderazgo independiente, autónomo con relación a los demás grupos. Las relaciones entre muchos de estos grupos locales, igual que las relaciones con los otros pueblos indígenas y no- indígenas eran de guerra. De acuerdo a las necesidades y las circunstancias de una vida nómada en constante movimiento, los grupos locales podían dividirse en subgrupos, separarse temporariamente, y volver a unirse más tarde. No existía una jerarquización del liderazgo ni un liderazgo centralizado para toda la etnia. Coincidentemente, ni los territorios de los grupos locales, ni el territorio de la etnia en su totalidad, tenían centros geográficos.

    Ni los grupos locales, ni sus territorios deben considerarse como permanentes. La historia ayoreo conoce como algo normal las divisiones que conducen a la desaparición de grupos y a la constitución de otros, nuevos, las uniones entre grupos diferentes y los cambios de nombre, todo con los consiguientes cambios y redefiniciones del territorio grupal.

    Esta organización política comunica la idea de dinamismo, de movilidad social permanente, de la ausencia de un principio ordenador jerárquico y de principios centralizadores, y de una capacidad elevadísima de adaptación a las circunstancias de la vida.

    La unidad de organización social y económica más importante era el “jogasüi”, la familia extensa, que incluye además otras familias amigas.

    Paralelamente a esta organización política descrita, la etnia estaba dividida en siete clanes. Los nombres del clan al que pertenece le dan hasta hoy el apellido a cada integrante de la etnia. Los miembros de cada uno de los siete clanes comparten un origen mitológico común y a una red de parentesco que incluye, para cada clan, una serie de animales, plantas, estados meteorológicos y fenómenos de la naturaleza en general, al igual que objetos de uso y artefactos humanos. El hecho de compartir la pertenencia clánica con todos los seres del mundo crea, para cada Ayoreo, una unión sentida de cercanía y solidaridad con los mismos. Todos los clanes en su conjunto incluyen así la totalidad de todo lo que existe, y todo lo que existe es a su vez pariente de los Ayoreo.

    La estructura de relaciones clánicas coexiste y se superpone a la organización social de los grupos locales y se extiende como una red invisible a la etnia en su conjunto, preestableciendo relaciones de cercanía y apoyo mutuo incluso entre personas que nunca se encontraron físicamente pero que se reconocen como parientes (no sanguíneos) en el momento que se encuentren.

  • La cultura Ayoreo en la vida moderna

    Las expresiones culturales, posturas y pensamientos de la cultura tradicional Ayoreo aún son vividas y se encuentran plenamente vigentes en los grupos sin contacto. En cuanto al grupo mayoritario de los Ayoreo ya fuera del monte y sedentarizados, aunque en la convivencia con la sociedad envolvente hayan cambiado sus maneras externas y materiales de vivir, sus actitudes y posturas básicas siguen expresando, en cada situación de la vida moderna, lo esencial de su cultura de vida tradicional: el alto grado de movilidad; la no- acumulación material; la profunda confianza en la naturaleza, en el mundo y en sí mismos; el alto grado de autonomía personal dentro de las estructuras de organización colectiva; y la postura de equidad – no superioridad- frente al mundo y la naturaleza, entre otros.

  • Relación con la naturaleza y el mundo

    Las posturas frente a la naturaleza y la relación con la misma tienen hoy para la sociedad envolvente un interés y una relevancia muy particulares. Como recolectores y cazadores, los Ayoreo no intentan dominar o transformar la naturaleza ni el mundo. Ellos dependen totalmente de lo que la naturaleza les ofrece.

    En consecuencia, el Ayoreo no destruye ni cambia su medio ambiente, porque su sobrevivencia solo es posible si el estado de la naturaleza no es alterado: es en su estado natural que la naturaleza le ofrece todo lo que necesita.

    La agricultura está vista más como un apoyo que el hombre da a la naturaleza, y no como un acto de transformación o dominio de la misma.

    El Ayoreo va adonde la naturaleza le ofrece su sustento; de ahí su necesidad de llevar constantemente una vida nómada, desplazándose casi diariamente de un lugar a otro.

    En la vida tradicional, el grupo local se quedaba por un tiempo en una zona para cazar y recolectar, hasta que los animales y frutos escaseaban; entonces se veía forzado a cambiar de zona para encontrar otra, con relativa abundancia gracias al tiempo de ausencia transcurrido que permitía la regeneración de los recursos. El territorio de un grupo local era tan grande que la zona explotada en animales y vegetación tenía suficiente tiempo para regenerarse hasta la próxima incursión del grupo.

    Se puede constatar que la cultura de vida Ayoreo es una cultura que cumplía con el postulado moderno de la sustentabilidad al 100%. También se puede afirmar que los Ayoreo son, hasta el momento, el único grupo humano, que ha sabido convivir con el Chaco sin dejar alteraciones ni desequilibrar el medio ambiente con su presencia.

  • Situación y vida actual de los Ayoreo fuera del monte

    La usurpación del amplio territorio histórico Ayoreo por parte de colonizadores no indígenas y de la sociedad envolvente ha traído grandes transformaciones y un claro deterioro de la calidad de vida ayoreo. Las prácticas ancestrales de convivencia equilibrada con el medio ambiente fueron abruptamente interrumpidas, cuando los grupos locales Ayoreo que habitaban, y a la vez daban vida, a una extensión inmensa del monte del Gran Chaco, fueron sacados de su hábitat, deportados a asentamientos misioneros y obligados a sedentarizarse.

    Hoy, más y más partes del monte chaqueño sufren la paulatina alteración y destrucción de los ecosistemas y son transformadas en extensas pasturas para ganadería. Las operaciones comerciales y productivas de la sociedad envolvente que hoy marcan el presente y futuro de los territorios ancestrales ayoreo son de hecho incompatibles con la cultura Ayoreo. Son también incompatibles con la posibilidad de un futuro sustentable del Chaco para los demás pueblos y para la sociedad moderna.

    En la actualidad, aparte de algunos grupos pequeños que siguen viviendo en el monte y sin contacto, la mayoría del pueblo Ayoreo vive ya fuera del monte y en asentamientos fijos, permanentes: unos 22 asentamientos en Bolivia, y actualmente (diciembre de 2005) 13 asentamientos en Paraguay. El número total de integrantes de la etnia se mantiene en alrededor de 4.000 personas, la mitad de las cuales viven en territorio paraguayo.

    La mayoría de los grupos locales del pasado han desaparecido. En Paraguay, los Ayoréode se subdividen hoy en tres grupos locales principales: Garaygosode, Totobiegosode y Guidaigosode. Este último es el resultado de una alianza histórica, en la primera mitad del siglo pasado, entre varios grupos como los Ducodegosode, Tiegosode, Erampeparigosode y Amomegosode. Los grupos locales nombrados se unieron en la alianza de los Guidaigosode, pero aún hoy mantienen cierta vigencia para la auto- identificación de las personas. En los asentamientos estables de hoy, están presentes integrantes de todos los diferentes grupos locales, de manera entremezclada.

  • La pobreza de hoy

    Hay que señalar que el pueblo Ayoreo, antes del inicio del proceso de colonización de sus territorios hace solo unos 60 años atrás, no conocía lo que hoy llamamos pobreza.

    Inducidos por falsas promesas a abandonar su vida en el monte, y deportados para vivir en asentamientos grandes y permanentes de los misioneros, y en un modelo económico no indígena y totalmente ajeno a su cultura de vida hasta aquel momento, su estrecha relación particular con el monte y con su medio ambiente paulatinamente empezó a perder sentido y a alterarse. Hoy, la situación de los Ayoreo refleja los resultados de un acelerado proceso de pauperización y muestra una creciente pérdida de autonomía y creciente dependencia del sistema de vida de la sociedad envolvente, sin a la vez poder contar con las oportunidades necesarias para alcanzar un estándar de vida cambiado pero compatible tanto con la dignidad humana y con la vigencia de la integridad del medio ambiente. No pocos Ayoreo viven actualmente cerca de los centros de mayor concentración poblacional no- indígena, en condiciones de gran deterioro, y buscan trabajos precarios ocasionales como jornaleros en un mercado laboral inseguro, irracional y excluyente. Muchos jóvenes Ayoreo no ven perspectivas de futuro y carecen de toda oportunidad constructiva.

  • Perspectivas de futuro

    La sociedad envolvente, no- indígena está llamada a dar y dejar el espacio necesario para que el pueblo Ayoreo pueda ir reformulando su proyecto colectivo de vida. El mismo inevitablemente ya debe combinar actividades productivas tradicionales por un lado y nuevas, modernas, por el otro.

    El replanteo necesario del proyecto colectivo de vida del Pueblo Ayoreo es impensable sin la recuperación si no es de la propiedad, por lo menos de la posesión, del acceso y del usufructo sobre sus territorios ancestrales. Esta recuperación exige la formulación de “planes de manejo territorial” novedosos que se apoyan en su saber ancestral, y que contemplen sus necesidades socioculturales y espirituales, pero también la situación cambiada de la etnia y de su entorno. Esto a su vez no es factible si la sociedad envolvente no se empeña a su vez en la defensa y la restauración de sus ecosistemas degradados. Hay que remarcar que la defensa y recuperación de la vitalidad de estos ecosistemas es una condición también para las posibilidades de futuro de la misma sociedad envolvente.

    También es necesario garantizar la vigencia y aplicación de las leyes que reconocen, protegen y amparan a los pueblos indígenas como el pueblo Ayoreo, sus recursos ancestrales y sus intereses en general. Entre ellas está el Convenio 169 de la OIT, ratificado por Paraguay en 1993.

    El pueblo Ayoreo tuvo una cultura de vida cuyas refinadas reglas de convivencia con la naturaleza y cuyo abarcante conocimiento de la misma, permitió una vida sustentable desde tiempos inmemoriales, tanto para los humanos como para la naturaleza. Al ser despojados y evacuados de su territorio ancestral, la etnia fue sometida a cambios abruptos en su existencia y arrojada a la indigencia de una vida en confinamiento y marginalización. La recuperación del bienestar social y cultural del pueblo Ayoreo pasa por la recuperación de la posesión sobre sus territorios, y de la recuperación de la soberanía sobre su vida y sus espacios vitales, a más de asegurar el adecuado abordaje de los problemas creados a través de los años de despojo y dependencia.

  • Bibliografía
    • Bremen, Volker von: Los Ayoréode Cazados. En: Suplemento Antropológico Vol.22 No.1, Asunción,1987, pp.75-94
    • Bremen, Volker von: Zwischen Anpassung und Aneignung. München, 1991
    • Fischermann, Bernardo: Las relaciones Hombre y Territorio entre los Ayoréode. En: El ultimo Canto del Monte, Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol. 29, Asunción, 1998.
    • Fischermann, Bernardo: Una frontera frágil. Cultura y Natura entre los Ayoréode. En: El ultimo Canto del Monte, Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol. 29, Asunción, 1998.
    • Fischermann, Bernardo: La Cosmovisión de los Ayoréode del Chaco Boreal. (publicación en preparación).