Categoría: Norte del Chaco

Norte del Chaco

Intervención fiscal confirma desmonte en territorio ayoreo

Intervención fiscal confirma desmonte en territorio ayoreo

Por Julio Benegas Vidalet y Jana Brunner. Fuente: Periódico E’a En el Chaco. Son las tierras con una orden judicial de no innovar. Y que fueran vendidas, ilegal e inconstitucionalmente, por el ex jefe del Indi, Rubén Quesnel en noviembre del 2012.

Son las tierras con una orden judicial de no innovar. Y que fueran vendidas, ilegal e inconstitucionalmente, por el ex jefe del Indi, Rubén Quesnel en noviembre del 2012. Por Julio Benegas y Jana Brunner.

Desmonte completo en alrededor de 1.000 hectáreas de territorio ayoreo.
Es un desmonte completo de alrededor de 1.000 hectáreas, con apertura de picada y recientes quemas. La intervención a cargo del fiscal Andrés Arriola no pudo llegar hasta la comunidad ayoreo Cuyabia porque el camino presentaba fangales profundos. La delegación se internó a través de la estancia colindante, la que sería la responsable del reciente desmonte constatado. Cuyabia se encuentra a unos 150 kilómetros de Mcal. Estigarribia. El camino por el cual se llega atraviesa un pequeño destacamento militar, Teniente Pico, con una bandera paraguaya y una casa maltrecha, sin comunicación. Al encontrarse con el tercer e insalvable obstáculo para llegar a la comunidad indígena, el fiscal resolvió ingresar por la estancia El Molino. Tenía una orden de allanamiento de este lugar. Al término del terreno, con sus alambradas, el fiscal nada raro observó. Cuando se preparaba para cerrar acta, el abogado Maximiliano Mendieta y la delegación que lo acompañaba advirtieron que se estaba en uno de los puntos denunciados por la comunidad como deforestados. Detrás de uno de los linderos, arropados de follaje y pastizales, la delegación se encontró con la evidencia plena. Imponente. Los árboles completamente talados en un radio de 1.000 hectáreas, aproximadamente. El fiscal se subió encima de un samu’u echado para observar mejor el escenario devastado. Tuvo que reabrir el acta y, con el técnico forestal, precisar el punto en el que se encontraron con tamaña evidencia. El fiscal Andrés Arriola observa una evidencia con la que esperaba no encontrarse: un desmonte completo de 1.000 hectáreas.                                “Ocurre que la estancia (El Molino) podría tener un título superpuesto de la propiedad”, conjeturó. El abogado le dijo que, aunque así fuera, existe una orden de no innovar en las 25 mil hectáreas en el proceso por el cual se le ha imputado a Quesnel por vender tierras del Indi. Son dos puntos de gran deforestación. En el segundo, por las condiciones expuestas del terreno, ya no se pudo llegar. En ese lugar, la deforestación se haría por orden “de brasileros”, de acuerdo a las fuentes de la estancia. El fiscal, antes de encontrarse con la evidencia, se había propuesto volver apenas los caminos sean transitables. El fiscal promete cruzar datos, pedir licencias ambientales, porque aun se tratara de un título superpuesto (el Chaco está lleno de títulos superpuestos), a leguas se nota que en la deforestación no se han respetado mínimos requisitos. La tala es completa. No ha quedado un árbol en pie, cosa prohibida. Indi y la Policía La delegación fiscal fue acompañada por delegaciones del Indi, de la Gobernación de Boquerón, la Policía, un equipo de prensa y el abogado y activistas indigenistas. La primera camioneta ser remolcada para salir del fango fue la Mahindra del Indi. Luego le tocó el turno a la delegación fiscal y finalmente a los baqueanos. Cuando se decidió retornar y entrar por la estancia, ya la Policía, la gente del INDI y de la gobernación de Boquerón habían abandonado la expedición. Los trabajadores de la estancia fueron muy amables con la comitiva. El encargado dijo que sí, que efectivamente se había desmotando algo, pero que era parte de la propiedad de la estancia. La superposición de títulos en el Chaco es como “un hotel de tres pisos”, sentenció el fiscal Andrés Arriola. Tierra Viva nos informa que Cuyabia es el nombre de una región conocida por el grupo local Ayoreo Atetadiegosode. En la misma habitan 19 familias desde el año 2010, con respaldo del INDI y la Gobernación de Boquerón. En la región de Cuyabia viven también indígenas en aislamiento- sin contacto en los bosques que quedan. En noviembre de 2012, Ruben Quesnel, ex presidente del Instituto Paraguayo del Indígena (INDI) decidió la venta y transferencia ilegal de 25 mil hectáreas de la propiedad comunitaria de Cuyabia, parte del territorio ancestral del pueblo Ayoreo. Esta es la vista general del terreno actualmente.

 

motilium laxative

Petróleo, acciones en la bolsa de valores, ayoreos aislados y derechos humanos… algo más que un debate de café

Petróleo, acciones en la bolsa de valores, ayoreos aislados y derechos humanos… algo más que un debate de café

Hacia finales de Enero del 2014, una noticia en el diario ABC Color de Asunción me llamó la atención1. Se anunciaba que la President Energy estimaba que las reservas de petróleo en el Chaco eran mayores a las previstas. Inmediatamente sus acciones en la bolsa de valores de Londres subieron de manera considerable. Pero lo fascinante, o tal vez espeluznante, era que en la nota se decía, literalmente, que «El Chaco es una gran región semidesértica y poco poblada que ocupa la mitad norte de Paraguay»; ignorando absolutamente que en la zona de exploración al NO del Chaco hay grupos ayoreo aislados (que voluntariamente no mantienen contacto con la sociedad colonizadora) y que la exploración hidrocarburífera, sumada al avance de los emprendimeintos agropecuarios intensivos, llevará a que pierdan su tranquilidad y posibilidades de sobrevivencia autodeterminada.

Comenté esto en un círculo muy diverso de actores. Las reacciones no se hicieron esperar. Para muchos, esta preocupación era absurda. Se planteó con firmeza si el Paraguay debe renunciar al uso de una superficie tan extensa, capaz de producir un ingreso de miles de millones de dólares anuales y de crear miles de oportunidades de empleo directo adicional, por la simple razón de mantener el área sin perturbación para un grupo de personas no contactadas que pasan cada algunos años para su caza y recolección.

Sin dudas esto genera debates. Pero lo más sorprendente, que me motiva a una reflexión mayor, fue la duda absoluta de la existencia de estas personas; bajo el argumento de que ciertos grupos de activistas indigenistas siguen contando que hay grupos aislados de Ayoreos en el Norte del Chaco, hecho que la prensa mediatiza cada vez que le conviene.

Sin intención de entrar en una polémica interminable; como persona que he trabajado desde la mirada antropológica bastante junto con Iniciativa Amotocodie en la identificación y monitoreo de grupos aislados en el Norte del Chaco, debo confirmar que tenemos identificados entre ocho y diez grupos aislados, además de lo que la organización GAT suele publicar en torno al Patrimonio Totobiegosode (a cuyas fotos del último contacto en 2004 se divulgan corrientemente en la prensa).  Esto podría representar una población de entre 200 a 300 personas en grupos pequeños.  Incluso un poco más.  El trabajo se ha hecho de manera sistemática y con una metodología clara, desde el año 2002 hasta la fecha, identificando señales, huellas y rastros de diferentes índoles; corroborando estos indicios con el estilo de vida y cultura de estos grupos, a fin de poder hacer un pronóstico de su movimiento y trabajar con los estancieros para evitar conflictos o encuentros no deseados, cuyas consecuencias podrían ser lamentables para cualquiera de los que se encuentran; como ocurrió ya en el pasado, cuando un topadorista encontró su máquina “atacada” por una lanza, en señal de que detengan la destrucción del territorio ocupado.  Todo registro ha sido discutido y controlado por los propios Ayoreo, con quienes trabajamos en la investigación mano a mano (lo que podría enmarcarse en los términos de una investigación participativa), a fin de no equivocarnos en el reconocimiento de estas señales.  Por las marcas clánicas (el pueblo ayoreo es el único pueblo con estructura clánica-totémica en el Chaco, herencia cultural de su origen amazónico muy anterior al período de colonización), algunas personas (ayoreo) de las que se han comprometido en estas identificaciones, reconocen que algunos de estos grupos pertenecen a parientes de los cuales nunca se ha sabido más de ellos.  Recordemos que los primeros contactos y reducciones datan de la década de 1940 a 1950; por lo cual podemos hablar con certeza del conocimiento directo que muchos ancianos tienen de las personas que están dejando esas señales en diferentes partes.  Esta tarea no es aislada; contamos con la colaboración permanente de los mejores especialistas en la materia (antropólogos que dedicaron sus vidas al estudio, acompañamiento y seguimiento del pueblo ayoreo, tanto en Paraguay como en Bolivia).  No hemos escrito demasiado sobre el tema, porque el objetivo de nuestro trabajo no es la investigación académica, sino actuar y gestionar en favor de la protección de los territorios que estos grupos ocupan, para que puedan seguir con su opción autodeterminada de mantenerse ajenos a la sociedad moderna (por llamar de alguna manera genérica a nuestras sociedades colonizadoras), con su propia manera de vivir (quiero recordar que el derecho a la autodeterminación de los pueblos es uno de los primeros derechos consagrados por las Naciones Unidas en su propia constitución; superior, jerárquicamente, a las leyes Nacionales).

Obviamente, no hay fotos de los aislados, pues se mantienen en estado de alerta en cuanto perciben la presencia de gente que no son como ellos (incluso los mismos ayoreo vestidos son considerados «diferentes» y hasta » no humanos») y, como en la actualidad se saben en desventaja, evitan acercarse y que se les acerquen.  Hasta hace treinta años, esa desventaja no era sentida y mantenían actitud agresiva ante quienes se introdujeran en su territorio.  Hoy, dejan señales chamánicas para avisar a los invasores que están entrando en territorio en donde ellos habitan… claro que los invasores no saben leer esas señales o ni las ven.  Sin embargo, esta postura de distanciamiento, con la gran sequía de Octubre pasado, en el Norte, en la zona  comprendida entre Lagerenza’i y Gabino Mendoza (una de las áreas de exploración petrolera indicadas en el artículo al que hago referencia), dos personas se acercaron al puesto de una de las estancias a pedir agua (con señas y mucho temor, según el testimonio), ya que no podían acceder a los tajamares porque estaban secos.  No se lo puede tomar como un «contacto» en sentido clásico; sino, antes bien, como un reconocimiento de «humanización» (en el sentido de que el individuo que se acercó a pedir agua reconoce como «humano» pero diferente al otro, por lo cual puede acercarse y pedirle ayuda).  Esto implica que ese puesto está siendo observado durante mucho tiempo por ese grupo de aislados, lo que les permitió tener el valor de acercarse.

En cuanto al valor económico de la exploración y la posible explotación hidrocarburífera en esa zona, no lo pongo en dudas; y no creo que una opinión o miles de opiniones de café detengan un proceso irreversible como este.  Pero sabemos bien que existen métodos mucho menos agresivos de exploración que los que se usan corrientemente en el Chaco.  Tienen impactos, sin dudas, pero mucho menores que el de abrir picadas de 20 metros de ancho cada 4 Km y luego más cercanas cuando hay indicios de una fuente hidrocarburífera.  Por otro lado, no se generan tantos empleos como se supone.  La experiencia en el chaco argentino lo demuestra sobradamente: hay trabajo puntual mientras se desarrolla la exploración y luego se acaba todo para los locales, pues lo que queda es fundamentalmente trabajo muy especializado de gente que viene de afuera (incluso los operarios).  Las ganancias reales las tiene la empresa, poco o nada queda en la región, excepto pasivos ambientales y económicos. El artículo periodístico es muy elocuente: la empresa subió el valor de sus acciones sólo con anunciar que habrían más probabilidades de las previstas; a pesar de que aún no hallaron ni una gota de petróleo ni un metro cúbico de gas.

Finalmente, la discusión planteada no es un debate técnico o económico; sino un debate en el marco de los derechos humanos y los valores éticos.  Se trata de la inacabada discusión colonial acerca del valor de existencia de un grupo reducido que por autodeterminación opta por otra forma de vida en un territorio al cual pertenece desde hace por lo menos quinientos años; frente al valor económico que le confiere a ese territorio otro grupo que lo ocupa arbitrariamente (conquista, evangelización reductiva y violencia de por medio) y sin atender a sus originales ocupantes, se lo apropia como si no hubiera nadie («El Chaco es una gran región semidesértica y poco poblada que ocupa la mitad norte de Paraguay») y lo explota sin importarle si afecta o no a los originales ocupantes.  Es la historia de la humanidad.  Lo hizo China, Japón, Persia, Grecia, Roma, Egipto, Inglaterra, Francia, España, Portugal, Holanda, Alemania (para nombrar sólo a los más grandes y reconocidos imperios y colonias); lo hace Estados Unidos… lo hacemos nosotros.  El valor del original no existe (o el impacto que se produce sobre éste es minimizado) ante las ventajas que el colonizador obtiene.  Nos debemos, como humanidad, sin dudas, un debate sobre los derechos humanos y sobre la ética.

Mientras debatimos, los aislados verán cómo se desmontan los bosques de los cuales ellos obtienen su alimento, se abren interminables picadas, explotan sondas subterráneas alejando a los animales que cazan y asustándolos a ellos mismos sin comprender qué es lo que ocurre con la tierra; President Energy verá subir el valor de sus acciones en la bolsa de Londres, algunos pobladores locales y técnicos conseguirán trabajos internacionalmente mal pagos pero que creen muy buenos… y así, nosotros seguiremos escribiendo lo que pensamos… Quizás, algún día, en una novela al estilo de Vargas Llosa, sus herederos demanden a la sociedad moderna por haber perpetrado contra ellos delitos de lesa humanidad, al enajenarlos de sus territorios mediante la muerte de sus bosques, alienándolos de sus recursos y de sus espacios rituales que garantizaban su soberanía y seguridad alimentaria, su autonomía y su derecho a autodeterminar su destino.  Quizás, en la misma novela, el jurado mundial ante el cual presenten la demanda, se de cuenta de estas atrocidades y condene a la sociedad moderna a pagarles subsidios eternos que aseguren un mínimo estipendio por cada familia sobreviviente del siniestro devenir de la colonización, a fin de que obtengan alimentos y vestidos que oculten la vergüenza de ser humanos diferentes y se pague el error de que hayan sobrevivido.  Cualquier parecido con las directrices de algún banco internacional, es pura casualidad.

Sólo para terminar, quiero compartir que los ayoreo entienden los desmontes como el asesinato del viviente que les da vida (eami).  Muy escatológicamente, su muerte es la muerte de la humanidad.  Curiosamente, los guaraní tiene conceptos parecidos en donde definen su rol de rezadores.

Luis María de la Cruz

Iniciativa Amotocodie

21 de Marzo del 2014, inaugurando el otoño…

1 www.abc.com.py/nacionales/empresa-elevan-calculo-de-reserva-de-petroleo-en-el-chaco-1208564.htmlEmpresa elevan cálculo de reserva de petróleo en el Chaco. / Fernando Romero, ABC Color

motilium half life

El Chaco vendido y revendido Por qué los indígenas del Chaco reclaman sus tierras y tienen derecho a que se las devuelvan

La historia del Chaco paraguayo no solo fue en el pasado un disparate económico, manchado con la sangre del genocidio y sometido bajo las tinieblas del etnocidio, sino que sigue siéndolo. ¿dónde están los indígenas? ¿En las nubes? No precisamente. Están como extranjeros en su propia tierra, trabajando para sus usurpadores, en fábricas de tanino o como peones en estancia. A los indios nadie les consultó para quitarles las tierras, y no hay ningún Estado del mundo que pueda arrogarse tal derecho. Pero la pérdida de sus tierras se produjo y trajo consigo la pérdida de sus recursos, de sus tradiciones y de su modo de vivir. Nada recibieron en cambio. Hasta hoy este derecho les es negado. (escrito por Bartomeu Melià, s.j.)

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en el Norte del Gran Chaco

Esta época del año, los meses de febrero y marzo, es la época del ají del monte, y son ellas, las mujeres Ayoreo que recorren el monte para recogerlo. Este año, estas mujeres lo harán con más temor, con muchas más precauciones, con el crujir incesante de las maquinas presente. Habrá menos ají. No habrá el ají de algunos de los lugares porque ya no existen. Al igual que el ají, también el caraguatá pertenece al mundo de la mujeres, son ellas las que lo recolectan para convertir sus fibras en el hilo para los bolsos y tejidos, sus escritos cotidianos en los que entretejen vivencias, creencias, esperanzas y sueños.

Chaco: ventas de lotes fiscales

Chaco: ventas de lotes fiscales

En los últimos meses antes de la asunción presidencial de Fernando Lugo se produjo una venta masiva de lotes fiscales en el Norte del Chaco Paraguayo. Se trata de lotes fiscales «escondidos», cuya existencia y ubicación solo conocían algunos funcionarios del IBR (hoy INDERT), y que iban adjudicándose a personas recomendadas por las autoridades del Gobierno de turno. Ante la perspectiva – a partir del 15 de Agosto – de una política «de recuperación de las tierras mal habidas» y de un ambiente de mayor control, los funcionarios «a cargo» de los lotes aún fiscales se pusieron a vender los mismos sin perder tiempo, para asegurar una ganancia que tal vez ya no iba a ser posible bajo el nuevo Gobierno. Muchos de estos lotes se vendieron a extranjeros, menos informados de los riesgos que podían correr con una compra de ese tipo.

Se trata de lotes ubicados en las Colonias de la Reforma Agraria ubicadas en el Norte del Chaco – como la Colonia Teniente Picco y otras – cuya adjudicación está reglamentada por ley. No cualquiera puede ser beneficiario de tales lotes de tierra.

No hay que olvidar que se trata en su totalidad de tierras pertenecientes al territorio ancestral Ayoreo. El Pueblo Ayoreo necesita recuperar su territorios o partes del mismo para tener perspectivas de futuro.

Recomendamos a los interesados extranjeros y paraguayos en comprar tierras en el territorio ancestral Ayoreo y dentro de las Colonias de Reforma Agraria, de abstenerse de tales compras para evitar inconvenientes legales en el futuro.

Benno Glausermotilium y diarrea

El Norte Visto desde los Territorios

La sencillez de la situación, con nada más que hacer – y nada menos – que viajar, encontrar el camino, cuidar el vehiculo, mirar, observar, encontrar a gente desconocida, hablar, ver como se transformaba en conocida, un poco conocida, reconocida. Gente buena, sencilla, gente demasiado buena, gente abusada, creída, confiada, desconfiada. Que allí sobrevive: colonos eternamente pobres, peones pacientes, que a lo largo de los años de verse engañados, no pagados, malversados, se vuelven un poco bandidos también, pícaros, para poder sobrevivir.

Así que en pleno territorio del bandidaje.

Y con bandidaje grande y gente mala en serio, que a lo largo de los años convirtieron el territorio del Norte en tierra marcada e imbuida de injusticia y de sufrimientos invisibles pero que le pesan. A los generales comandantes del cuartel de la zona, hoy todos terratenientes, cuyos nombres se reencuentran en los catastros, se los reencuentra como “colonos” que fueron beneficiados con lotes de 4.000, 5.000 hectáreas, y más, mucho más en el caso de algunos de mucho poder.

El general tal viene a veces con su esposa, en Semana Santa. Su hijo parece que no se interesa. Mientras, sus pocas vacas mal cuidadas devastaron el lote de monte virgen en orillas del Parque Nacional, ocasionaron aquella devastación que caracteriza la presencia muda, pasiva y tonta de animales que solo viven para ser carne; pisadas, monte aplastado, aguadas sucias, cagadas. El general no quiso gastar en alambrado, así que las vacas las largó al monte. Tampoco quiso gastar mucho en el pago de su capataz, quién nos recibe con una amabilidad y hospitalidad grande pero ambigua, aparentemente sin limites frente a los desconocidos visitantes que pueden ser amigos pero también pueden ser patrones, mejor nomás cuidarse y pídanme cualquier cosa, y no tengo ningún problema.

Otra devastación es la de la región del cuartel. Antaño zona central de un territorio de gente originaria, con una de las preciadas lagunas que jamás se secaba , con una aldea que una vez albergaba a todos los grupos locales, del Norte y del Sur, bajo el liderazgo de un cacique que daba el nombre a todo lo que existía, hoy esa zona está en manos militares y se encuentra marcadamente deshumanizada, manejada por gente sin hogar, ocupantes pasajeros, lugartenientes oficiales y detentores anónimos del poder de la sociedad que aquí arrancó el lugar y el territorio a sus habitantes originarios y se instaló con la orden y el pretexto de defender una patria, una patria de otra parte.

El viaje, sencillo. En las noches, antes del anochecer acampábamos en la vera del camino en el cual nos encontrábamos yendo al Norte o al Sur, en una de las rutas que llevan números, línea 3, línea 22, en medio de la nada que solo es la nada para los que no pertenecemos a esas tierras, en verdad es un todo, un mundo que era el todo de la gente que aquí pertenecía y sigue perteneciendo.

Dos ancianos que viajaron con nosotros habían nacido en aquel otro mundo y ahora eran sus testigos, y tenían las llaves para acceder al territorio real, a todo lo que allí había. En los caminos, en las paradas reconocían lugares, los llamaban por su nombre, veían cauces de agua limpia y vital que a los ojos de los blancos solo son canales secos, sentían los caminos del ir y venir, sentían en tal dirección la aldea tal, donde las mujeres esperaban con los viejos y los niños, mientras los hombres emprendían el camino hacia las salinas ya no tan lejanas, para volver con la sal preciada.

Oidide, uno de los ancianos, en el viaje no habló casi. Recién a la vuelta, ya en nuestra casa, el día después de llegar, hizo un pequeño resumen de lo vivido. Habló no de lo observado ni constatado, sino de lo sentido. Dijo que se había conmovido en aquellos lugares del Norte, donde el había andado, con su grupo y con su padre y su madre. Que ellos habían venido de los territorios más hacia el oeste, y que su padre había muerto cerca del cuartel.

El otro anciano, Jonoine, en alguna parada se puso a recorrer en un radio de cincuenta metros el lugar, iba y venía, tocaba algunos árboles, pasaba su mano por la corteza, veía agujeros de miel y marcas de antes, decía algún nombre, alguna aldea cercana, algún acontecimiento ocurrido cuando ese mundo vivía cada día y cada noche, y no solo como ahora por el instante de la presencia de dos de sus antiguos habitantes que le llaman por su nombre, y tocan con sus manos, miradas y palabras los órganos y las partes de ese cuerpo dormido que ahora peligra quedarse dormido por siempre.

Porque la nueva gente que le vino encima no sabe sus nombres ni sus caminos, le imponen nuevos y ajenos, sin mucho cuidado y sin sentir nada, ropa ajena, ropa fuera de medida y de lugar, trajes que convierten al Norte, antaño majestuoso, digno, virgen, fuerte, en paisaje harapiento, empobrecido, abusado, privado de dignidad.

Jonoine estaba sentado en la orilla del camino. Estábamos esperando la otra camioneta que se había quedado hablando con un poblador muy conocedor de la zona. Soplaba un viento Norte inclemente, caluroso, todo era polvo en el aire, y Jonoine hablaba y hablaba, a veces apuntando con su cabeza o su mentón, hacia allí o allá, y yo le escuchaba y escuchaba y solo después de unos minutos me di cuenta que le escuchaba sin entender, hablaba en su idioma propio, su frente arrugada, sus ojos vivaces y yo no pude saber si tristes, y su voz pequeña, y me daba cuenta que su hablar hacia vivir ese lugar, le hacía vivir incluso si nadie le escuchaba.

Cómo necesitan esos lugares a alguien quién vuelve y viene a decirlos…

Las noches. Los ancianos juntaban leña – saben lo que quema bien, lo que ilumina, lo que da calor – y nosotros preparábamos una comida sencilla, colgando una olla sobre el fuego. Nos cuidaban los ancianos. Cuando me iba al baño no muy lejos, me seguían con la mirada, atentos a dónde iba, sabiendo que por allí rondaba algún tigre cuyos gritos y cuyo andar sigiloso habían percibido. Estaban atentos también al grito de los pájaros, no es el vuelo que les da los mensajes, son los gritos. Una madrugada, el grito indicaba que hacia el Noreste estaba un grupo de gente en el monte, no cerca, tampoco lejos…

Luego, íbamos a dormir, nosotros en las carpas, Jonoine afuera, bajo su mosquitero rojo, al lado de su fogata propia, grande.

La noche grande no era sencilla. En verdad, encima nuestro, noche tras noche, amanecía un firmamento, un cielo lleno de vida propia y ajena, lejana, un cielo complejo en su estructura, inentendible, otro territorio más grande, esta vez el nuestro de todos, de los blancos y de los Ayoreo. Un territorio del cual formábamos parte en todo momento, pero sin saber ni dónde ni cómo se daba eso, solo sabiendo que éramos parte de la vía láctea que veíamos “allá”, fuera de nosotros, o de una galaxia cuyo conjunto no alcanzábamos ver. Aparentemente éramos el centro, estábamos en nuestro centro, pero en realidad girábamos alrededor de otros, y esos otros alrededor de otros, en grandes grupos locales, cada uno con su territorio celestial y su centro pero que siempre se desplaza, en auténtica manera nómada, nunca queda en el mismo lugar, tan poco como nosotros con nuestros campamentos y migraciones en búsqueda de vestigios de los territorios que hacen a nuestro cuerpo dormido y cuyo despertar necesitamos para vivir de nuevo, para vivir el futuro.

Benno Glauser

motilium heart problems

La conservación y percepción indígena de la naturaleza

Según la percepción del Pueblo Ayoreo, hombre y naturaleza constituyen una unidad, en apoyo mutuo e inseparable. El hombre hace parte de la naturaleza, no puede percibir a la naturaleza como algo separado de si mismo, reduciéndola a la mera categoría de recursos naturales o un simple objeto de protección; de hecho los ayoreo consideran el bosque sin gente como bosque sin vida, como bosque vacío. Así los ayoreo han vivido en perfecta armonía con la naturaleza sin alterarla y como parte de este ecosistema durante milenios, hasta que se produjera el contacto violento con nuestra sociedad.

Los Ayoreo no contactados, que aun viven en el monte, siguen manteniendo esta visión del mundo que ellos llaman «Eami», que significa el mundo que es todo y todos; se trata de un mundo que vive en la naturaleza no cosificada, sino espiritualizada.

Cuando los Ayoreo miran a su territorio ancestral, del cual han sido violentamente despojados hace 45 años, lo perciben como naturaleza sin vida, no plena, la sociedad envolvente en cambio percibe como naturaleza cosificada como mera suma de recursos naturales.

Los Ayoreo contactados se dan cuenta del vacío que se ha creado en su nuevo modo de ser y captan el mismo vacío en la sociedad blanca, en nuestra civilización.

En este vacío los Ayoreo de fuera del monte no pueden ver un futuro sustentable, ni para ellos ni para los demás; con esta conciencia histórico-critica plantean la defensa y protección de los grupos aislados y su modo de vida; piensan en la recuperación de su territorio ancestral. No se trata de una protección meramente física de los Ayoreo aislados o de su territorio, sino la defensa de su propio modo de ser con la naturaleza; restableciendo la unidad con la naturaleza quebrada.

El apoyo a la lucha contra la masiva deforestación promovida por empresas como UMBU S.A. y otras iniciativas de igual índole, así como la defensa del derecho a la vida de los grupos ayoreo no contactados, deben ser tomadas como una oportunidad de aprendizaje para el resto de una sociedad mundial cada vez mas conciente de las nefastas consecuencias para la destrucción de nuestra civilización. Es también un aprendizaje para los ambientalistas que pueden ir mas allá de una mera protección de la naturaleza teniendo a los pueblos indígenas no contactados como verdaderos aliados para la conservación y protección del futuro; porque como mencionamos arriba no se trata de la protección de la naturaleza sino la recuperación de la unidad perdida.

Para cualquier acción de conservación se tendrá que tomar la presencia de los pueblos indígenas sean estos aislados o no, como un desafío serio, e iniciar un dialogo incluyente y comprometido. Tal dialogo tendrá que ser planteado desde la perspectiva de los pueblos indígenas y no exclusivamente desde el conservacionismo actual; porque proteger árboles, animales en extinción y recursos de agua, que sean desprendidos de la unidad intrínseca que vincula la naturaleza, no tiene mucho sentido para los pueblos indígenas.

Jieun Kang

motilium la thuoc gi

Cada vez más solos

Cada vez más solos, sostienen con su vida la vitalidad de la tierra.

Últimos grupos Ayoreo en el Norte del Chaco Paraguayo que nunca tuvieron contacto con la civilización moderna viven en una zona de su territorio ancestral llamada Amotocodie. En nuestro mapa moderno, es una zona de bosque virgen extenso cuyo centro marca las coordenadas 21° 07´ S y 60° 08´ W, unos 50 Km. al sur del Cerro León. Pueden sumar unas 50 personas, subdivididos en varios grupos. Raras veces se acercan a un estanque de agua de alguna estancia para tomar agua, y puede ser que algún peón los ve de lejos. A veces, algún cazador blanco encuentra su huella en el monte, o aparecen huecos en los árboles donde sacaron miel. En 1998, un grupo de seis guerreros protagonizó un ataque de advertencia contra una estancia. El 3 de marzo de 2004, uno de los grupos, compuesto de 17 personas, entró en contacto con la sociedad envolvente y se asentó en la orilla de su hábitat ancestral. El Censo Indígena de Paraguay del año 2002 no los registra, porque no se los puede entrevistar, porque son invisibles.

Todos los demás integrantes de su pueblo, los Ayoreo del Chaco Boliviano y Paraguayo, ya fueron arrancados y sacados a la fuerza de los bosques de su inmenso hábitat por misioneros, a lo largo de los últimos 60 años; hoy sobreviven precariamente en los márgenes de la sociedad moderna, y lentamente se dan cuenta de que fueron engañados, que fueron despojados del monte con el cual convivían – y que el monte fue despojado de ellos. Los Ayoreo que aún continúan en el monte son de los últimos indígenas cazadores y recolectores del continente Latinoamericano que no fueron contactados y que no buscan contacto con la sociedad moderna envolvente.

Son nómadas en su territorio ancestral: caminan de manera constante por las extensiones aún grandes de monte intocado. Su caminar se guía por el conocimiento íntimo que tienen de los lugares y ciclos de los frutos y recursos del Chaco. El recurso más determinante es el agua, abundante a veces y en ciertos lugares, y extremadamente escaso en otros y según la época. Otros recursos son la carne de animales: saben dónde hay tortugas, o chanchos del monte, o armadillos, o el oso bandera; saben dónde pueden encontrar frutos como el palmito. Dónde hay la miel. Durante la época de lluvias, cultivan al paso en lugares aptos para ello. El monte provee de todo. Un autocontrol sabio del crecimiento demográfico, junto con la migración constante, garantizan la continuidad de su mundo vivencial, previniendo el sobreuso, el desgaste y el agotamiento de sus recursos.

De esta manera, la naturaleza con la cual conviven no muestra signos de deterioro ambiental como consecuencia de su presencia. Más bien debemos reconocer lo contrario: al monte sin ellos le faltaría algo, algo que hace a su vitalidad y a la vigencia de lo que nosotros llamamos biodiversidad. Esto nos sugiere de que en el fondo, no solo ellos, sino todos los seres humanos podemos haber tenido una función para los ecosistemas de la tierra, al igual como cada planta y cada animal la tiene. Y que la ausencia nuestra, el hecho que nos hayamos apartado de esta convivencia con el mundo, lo haya debilitado. Faltamos a nuestros ecosistemas. Que al final, los humanos no somos enemigos de la naturaleza y la tierra, sino somos necesarios…si es que cumplimos nuestra función.

Los Ayoreo del monte aún la cumplen. Sabemos, por las explicaciones de los grupos o las familias que fueron sacados o vinieron del monte a nuestra civilización moderna ya en nuestro tiempo actual, en 1986, 1999, 2004 – que la definen como una función de protección mutua: el monte nos protege, nosotros le protegemos al monte. El hombre como protector de la tierra.

Su manera de cultivar la tierra en la época de lluvias es muy expresiva de su relación con el monte y la naturaleza: con las primeras lluvias que caen, echan las semillas guardadas de zapallo, maíz, sandía, poroto, en claros arenosos naturales en medio del monte. Apenas preparan la tierra para ello. Luego siguen caminando y dejan que la naturaleza haga lo suyo. Vuelven para cosechar. Según su concepto, hay que intervenir lo menos posible en lo que hace la naturaleza; apenas se le da unos apoyos mínimos, apoyando para que haga mejor lo que de todas maneras hace.

No se entienden a sí mismos como los dueños del mundo, tal como lo pensamos ser nosotros, hombres modernos salidos de nuestros montes hace siglos o milenios. Según ellos, el mundo no está a libre disposición de los humanos para que hagan cualquier cosa. Por lo contrario, los Ayoreo, en lugar de situarse encima del mundo, se sienten apenas una parte del mismo; parte integrante y parte necesaria. Esto no se percibe solamente en su postura y actitud en la vida cotidiana. La mencionada relación con el mundo la expresa también su estructura social, de una manera profundamente espiritual: paralelamente a las relaciones sanguíneas de parentesco, cada Ayoreo, al nacer y con su apellido, pasa a pertenecer a uno de siete “clanes”; cada clan incluye una parte de todos los fenómenos que existen en el mundo. Un Ayorei del clan de los Etacore, de esta manera, pasa a ser pariente por ejemplo de la víbora cascabel, de agua que cae en la tormenta, de la soga, del tiempo de sequía, del color rojo de la sangre, de la luna cuando se ve de día, del pájaro totitabia, etc. Todos los Ayoreo en su conjunto son parientes de todo lo que existe en el mundo, y cada cual, según su apellido, vive con el encargo de cuidar a sus “parientes” fenómenos del mundo de una manera muy particular.

Su convivencia con el mundo es comparable a la convivencia de una pareja en el mejor sentido: conscientes de la diversidad y su importancia, conscientes de la mutua interdependencia, sabiendo que uno sin el otro no podrá ser feliz, no tendrá futuro, no podrá vivir.

Esto es una parte de lo que los Ayoreo del monte, con su modo de ser cultural, espontáneo y natural, aportan al mundo actual de hoy: un modo diferente y diverso de ser, que no solo sostiene la integridad ambiental del monte del Chaco en el cual viven, sino que a la vez sostiene una conciencia y presencia diversa que sin ellos le faltaría al mundo de hoy.

Presumiblemente, no saben de su importancia para nosotros. Cuando nosotros finalmente los percibimos, comenzamos a captar el significado de su existencia, no solo para ellos mismos y para su hábitat medio ambiente, sino también para nosotros y nuestro futuro. Porque definitivamente sus posturas como las que nos comunica su modo de vivir, son las que deben inspirar nuestra búsqueda de formas nuevas de vida y convivialidad, si como humanidad queremos tener algún futuro.

Aunque no sepan tal vez de su importancia para la humanidad, con seguridad sienten el peso de la misma, a través de la soledad en el ejercicio de su función protectora del mundo. Lo pueden sentir en lo concreto y lo cotidiano, cuando maquinarías pesadas irrumpen en el silencio de su territorio para nuevos desmontes destinados a estancias ganaderas y nuevas entradas para sacar las maderas preciosas, y cuando sienten como la consistencia del mundo del cual son parte se erosiona y se debilita.

Les falta poder sentir que se sume a su fuerza la nuestra, que reasumamos nuestra tarea protectora de su mundo y del nuestro de todos.

Benno Glauser

(1) Este artículo fue publicado en el Boletin 87, de Octubre de 2004, del MOVIMIENTO MUNDIAL POR LOS BOSQUES /WORLD RAINFOREST MOVEMENT (http://www.wrm.org.uy)

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