Falleció la anciana Ayoreo Oididate Posijno

Ella cerraba los ojos y recorría los caminos de antes, los que conoce de Erami, su monte, su mundo, con las manos marcaba direcciones y distancias.

Campo Loro, del 11 de agosto de 2007.

La noche de sábado Mateo Sobode llamó desde Campo Loro al equipo de Iniciativa Amotocodie para comunicar la noticia. Pidió un homenaje para ella por las redes, pidió contar que se fue para que los blancos piensen, porque es ella una de las últimas mujeres que vivieron en su territorio antes de ser sacada a la fuerza.

“Oididate fue una señora que ustedes conocieron porque varias veces estaba contando su historia cuando tomábamos mate o tereré en mi casa. Ustedes pueden poner un mensaje para que la otras personas puedan saber que ya no está con nosotros. Oididate varias veces habló de su territorio, al que quería junto con su marido y su familia. Su esposo es Oidide, anciano que varias veces viajó con nosotros para identificar su territorio. Oididate vivió mucho tiempo en la zona de los Ayoreo Erampeparigosode (N.R. el territorio de los Erampeparigosode ubicaba en la región del actual Hito VII, en la frontera seca entre Paraguay y Bolivia) y luego vivió con los Garaigosode, así que fue capturada con ellos.

Yo veo que cada ves son más pocos los ancianos y ancianas que quedan de aquellos que fueron sacados del monte por los misioneros. Siempre pienso, por qué nos sacaron de la selva y nos trajeron a este sitio donde estamos abandonados. Digo abandonados porque los misioneros nos dejaron acá y las autoridades no nos atienden bien. Nadie puede decir que Emergencia Nacional o el INDI o el Ministerio de Salud atiende bien nuestra comunidad. Yo sé que la muerte es para todos y que los ancianos y ancianas van a morir todos ya pronto, pero no deberían morir así, acá, sin medicamentos, sin atención. Hay una buena forma de morir, pero acá nos dejaron y estamos muriendo de balde”.

Oididate vivía en Campo Loro, comunidad distante a 50 Km al norte de Filadelfia, centro de la Cooperativa Colonizadora Fernheim de los menonitas y capital del departamento de Boquerón. La comunidad soportó a lo largo del verano la escasez de alimentos y agua y, al decir de sus dirigentes, del abandono de las autoridades nacionales. Esta situación afectó las condiciones de vida de los pobladores Ayoreo en general y aún más a ancianos y ancianas. Además del hambre y la sed sufren también los impactos del violento cambio de hábitat y el paso de la libertad de la vida de cazadores y recolectores a una de acorralamiento cada vez mayor y de dependencia del dinero y la asistencia.

La partida de un anciano y una anciana Ayoreo, es una pérdida para este pueblo porque ya no quedan demasiados abuelos y abuelas que puedan volver a enseñar a sus nietos cómo vivir con el monte chaqueño, con sus recursos, con el manejo que los hizo por miles de años lo únicos habitantes de la región más árida de Paraguay y del Gran Chaco Americano.

Para el resto del mundo también es una perdida invaluable, se pierde una manera de ver e interpretar el mundo, una manera de vivir y entender la naturaleza, un cúmulo de sabiduría humana que fue acumulada por generaciones y que no fue valorada por la mirada insensible y discriminadora de la modernidad.

“Alguna vez puede ser que todos vamos a necesitar saber lo que ella sabía. Pero ya no estaba en la selva para enseñarnos” piensa Mateo.