Dos Carteles

Anastasio está furioso al ver el cartel que indica con una flecha una propiedad que está lejos de Punie Paesoi. El cartel está plantado en el esquinero de la tierra Ayoreo y al lado estaba tumbado el viejo cartel de Punie Paesoi, totalmente mutilado por proyectiles disparados por la irreverencia y desprecio.

Carlos Dirii le pide que vaya al monte para buscar un poste de palo santo para sostener el nuevo cartel que colocarán, indicando el límite de su propiedad. Él se va después haber dado un golpecito con la palma de su mano al cartel ajeno. Todos estaban descontentos con este cartel chocante. Se manifiestan en voz alta en su idioma, como queriendo tirarlo al piso. Pero no lo hacen. Tampoco nosotros opinamos. Si lo hacen, tienen que hacerlo con su propia fuerza.

Se erige, con enorme esfuerzo de los presentes, un cartel mucho más grande y mucho más alto que el otro. El poste que lo sostiene es tan grueso que no lo pueden colocar bien en el hueco que cavaron. El cartel se dobla y los Ayoreo se desesperan. Anastasio sufre. Ha sido él quien encontró e insistió en poner este poste tan grueso, renunciando a otros palos más delgados y quizás más aptos. El grosor del poste era la expresión de su indignación y la manifestación de su voluntad y de su ser ayoreo. Eso me dice Dani Gómez, muy perceptivo, quien lo acompañó al monte para sacar el poste.

El sol de la tarde era inclemente. Todos los ayoreo , incluyendo la señora Chise, la única señora del grupo, estaban empujando el poste para que encaje en el hoyo. Los Ayoreo se rinden y el cartel queda erigido un poco torcido. Todos nos rendimos ante el cansancio y el calor. De repente, Pojone, el anciano tan débil que estaba quieto todo el tiempo (no en su espíritu) se va solito hacia el poste, lo abraza y comienza a empujar. Los demás Ayoreo se levantan todos. No pueden dejar solo a Pojone. Hacen un esfuerzo sobrehumano superando el cansancio y lo colocan bien. Al verlo erguido, hacen el comentario de que el cartel tiene el mensaje demasiado suave y quizás necesita agregar un dibujo de amenaza con flecha, como advertencia.

Me llega silenciosamente el mensaje de los Ayoreo: “no estamos contentos con lo que ustedes, coñones, nos hacen; pero le dejamos por ahora su cartel, esperando y vigilando que nos respeten al igual que nosotros los respetamos a ustedes”.

Un pueblo que camina y vuelve una y otra vez a su territorio. Quizás no podrán volver a su territorio como antes, porque ellos han cambiado y su territorio también. Pero vuelven y siguen volviendo y no dejan de vibrar, sentir con su bosque, Eami, que los cobija como madre.

Sentado en la pequeña sombra que dajaba a su lado la camioneta, Carlos Dirii Etacore, el presidente de la UNAP, nos dice:

“Mi sueño está aquí, aquí presente. Estoy en este lugar en nuestro territorio, con los ancianos y con los jóvenes quienes escuchan a los ancianos. Mi sueño se realiza…“